“๐๐๐ฃ๐ฉ๐ค๐จ ๐๐๐๐ช๐ฃ๐: ๐๐ก ๐๐ก๐ช๐ ๐ฆ๐ช๐ ๐๐ง๐๐ง๐ง๐๐๐ค๐ง๐ง๐ ๐๐ค๐ฃ๐ซ๐๐ง๐ฉ๐๐ค ๐๐ฃ ๐จ๐ช๐๐ช๐ง๐จ๐๐ก ๐๐ ๐ซ๐๐ฃ๐ฉ๐๐จ”
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ย En el futbol, como en la vida, los ciclos terminan. Pero hay formas de cerrar capรญtulos. Lo que estamos presenciando en la Comarca no es un fin de ciclo natural, es la erosiรณn deliberada de una instituciรณn histรณrica. El responsable tiene nombre y apellido: Alejandro Irarragorri.
Bajo la batuta de Irarragorri y Grupo Orlegi, Santos Laguna pasรณ de ser “el equipo que todos temรญan” a convertirse en una mera plataforma de exportaciรณn. El modelo de negocio es impecable para el bolsillo, pero desastroso para la vitrina de trofeos. Se ha priorizado la plusvalรญa sobre la gloria deportiva, vendiendo a cada referente que muestra un destello de calidad para tapar agujeros financieros o, peor aรบn, para alimentar otros proyectos del grupo.
La aficiรณn ya se cansรณ de escuchar que “los procesos llevan tiempo”, cuando el รบnico proceso constante es el desmantelamiento del plantel cada seis meses.
Una gestiรณn ausente y desconectada
Alejandro Irarragorri, quien alguna vez fue visto como el visionario que modernizรณ al club, hoy parece un directivo distante, mรกs enfocado en los pleitos legales y en la expansiรณn internacional que en el bienestar del equipo que le dio todo su capital polรญtico y deportivo en Mรฉxico.
La falta de autocrรญtica desde la cรบpula es alarmante. Mientras el TSM luce butacas vacรญas โun termรณmetro innegable del hartazgoโ, la respuesta de la directiva ha sido el silencio o la soberbia de creer que el “modelo” es infalible. Seรฑor Irarragorri: un modelo que tiene al equipo en el fondo de la tabla no es un modelo exitoso, es un fracaso administrativo.
El “Guerrero” convertido en mercancรญa
Lo mรกs grave de la gestiรณn actual no son solo los puntos perdidos, sino la pรฉrdida de pertenencia. Han convertido a Santos en un equipo sin alma, donde los jugadores parecen estar “de paso”, sabiendo que, si juegan bien, los venderรกn, y si juegan mal, simplemente serรกn sustituidos por otra apuesta econรณmica.
Se perdiรณ el respeto a la jerarquรญa. Se dejรณ de invertir en refuerzos de peso para llenar el vestidor de parches. El resultado es un equipo con la moral quebrada, un cuerpo tรฉcnico sin herramientas y una aficiรณn que se siente traicionada por quien prometiรณ que “ganar era la รบnica opciรณn”.
La hora de las definiciones
La gestiรณn de Irarragorri estรก en una encrucijada histรณrica. O se recupera la inversiรณn y el respeto por la identidad lagunera, o el TSM seguirรก siendo un mausoleo de lo que alguna vez fue un equipo grande.
La Comarca no olvida, pero tampoco perdona la falta de ambiciรณn. Alejandro Irarragorri debe entender que Santos Laguna no es una simple sucursal de sus negocios; es el corazรณn de una regiรณn que no acepta ser plato de segunda mesa.
El grito de la grada es el veredicto final. Ya no es solo una crรญtica en redes sociales; es un clamor unรญsono en el Corona que exige una purga total. Cuando la aficiรณn canta “que se vayan todos”, no solo pide la salida de once jugadores o un tรฉcnico, pide el fin de una era de indiferencia directiva. El TSM ha hablado, y su voz es el รบltimo recordatorio de que a este equipo lo hace grande su gente, no sus finanzas.