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Por: Hugo Contreras
El futbol, ese espejo de la vida que a veces nos devuelve imรกgenes de gloria y otras de absoluta decadencia, le han propinado a Italia un golpe del que tardarรก dรฉcadas en recuperarse. Lo que hace unos aรฑos parecรญa un tropiezo accidental, hoy es una realidad sistรฉmica: la Azzurra, la tetracampeona del mundo, se ha quedado fuera de su tercer Mundial consecutivo.
El problema principal radica en una crisis de identidad. Italia dejรณ de producir esos “diez” de fantasรญa y esos “nueve” de raza que antes brotaban de sus barrios. Hoy, la selecciรณn nacional es un conjunto de buenas intenciones, pero carente de esa jerarquรญa que solo se curte en las grandes batallas. El futbol moderno es hoy mรกs veloz, mรกs fรญsico y, sobre todo, no respeta linajes.
Y para muestra, un botรณn. No necesitamos cruzar el ocรฉano hasta el viejo continente para entender este sentimiento de orfandad deportiva. Aquรญ mismo, en nuestra casa, en La Laguna, vivimos un eco de esa nostalgia. El Club Santos Laguna, el equipo que ha hecho vibrar a la Comarca siendo campeรณn de la Liga MX en 6 ocasiones, atraviesa hoy un momento donde esa mรญstica parece haberse pausado.
Al igual que los aficionados italianos, la aficiรณn lagunera extraรฑa esas glorias, esas liguillas de nervios de punta y las tardes de triunfo en el Corona. Tanto en Turรญn como en Torreรณn, el reclamo es el mismo: el hambre de volver a ser los protagonistas que la historia exige.
Ni el escudo, ni las estrellas en el pecho, sirven para marcar goles si no hay una estructura sรณlida detrรกs. Italia โy guardando las proporciones, nuestros equipos localesโ debe entender que el prestigio es algo que se renueva cada torneo y no una herencia eterna.
Ver un Mundial sin Italia ya no es una sorpresa, es una costumbre dolorosa. Y ver a un equipo histรณrico sufrir en la tabla es un trago amargo para una aficiรณn fiel.