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#Una_tragedia_en_la_escuela

La escuela deberรญa ser, por definiciรณn, el lugar mรกs seguro del mundo. Un recinto donde el รบnico conflicto permitido sea el de las ideas y donde el futuro se cultive con paciencia. Sin embargo, lo ocurrido este martes 24 de marzo en la Preparatoria Makรกrenko, en Lรกzaro Cรกrdenas, Michoacรกn, nos devuelve una imagen distorsionada y cruel de nuestra realidad: el aula convertida en escena del crimen.

El asesinato de las maestras Marรญa del Rosario Sagrero Chรกvez y Tatiana Madrigal Bedolla, de 36 y 37 aรฑos respectivamente, no es solo una pรฉrdida irreparable para sus familias y para la instituciรณn que hoy las despide con dolor. Es una bofetada a la conciencia nacional. Eran mujeres en la plenitud de su carrera, dedicadas a una labor que hoy, mรกs que nunca, parece una profesiรณn de alto riesgo en Mรฉxico.

El sรญntoma de una sociedad armada

Lo que estremece de este caso no es solo la pรฉrdida de dos vidas valiosas, sino la naturaleza del agresor: un adolescente de apenas 15 aรฑos. Que un menor de edad tenga acceso a un rifle semiautomรกtico AR-15 y decida usarlo contra sus profesoras revela un fallo sistรฉmico que no podemos seguir ignorando.

ยฟEn quรฉ momento perdimos la capacidad de proteger a nuestra juventud de la cultura del descarte y la violencia? Un arma de ese calibre no aparece por generaciรณn espontรกnea en la mochila de un estudiante. Su presencia ahรญ es el resultado de una cadena de negligencias: desde la facilidad con la que el armamento fluye en nuestras calles, hasta la erosiรณn de los entornos familiares que deberรญan detectar las seรฑales de auxilio o de odio antes de que se conviertan en pรณlvora.

Justicia mรกs allรก del castigo

La detenciรณn del joven es solo el primer paso de un proceso legal, pero la verdadera justicia para Marรญa del Rosario y Tatiana requiere algo mรกs complejo: una polรญtica de Estado que priorice la salud mental en las escuelas y un control estricto sobre la apologรญa de la violencia que consume a nuestros adolescentes.

La Preparatoria Makรกrenko ha manifestado su apoyo total a los deudos, pero la sociedad civil y las autoridades no podemos limitarnos a ser espectadores de este luto. Si permitimos que el miedo dicte la dinรกmica dentro de los salones de clase, habremos perdido la รบltima trinchera de la civilidad.

Un silencio que debe gritar

Hoy hay dos pupitres vacรญos en la sala de maestros y un vacรญo incalculable en el corazรณn de Michoacรกn y todo Mรฉxico. La memoria de estas docentes merece mรกs que un minuto de silencio; merece un compromiso activo por desarmar no solo las manos de los jรณvenes, sino tambiรฉn sus intenciones.

No podemos normalizar que la tiza y el borrador convivan con el AR-15. Honrar a Marรญa del Rosario y a Tatiana es exigir que las escuelas vuelvan a ser templos de paz, y que ningรบn maestro tenga que despedirse de la vida mientras intenta enseรฑar a otros cรณmo vivirla.

 

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